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El legado fiscal para la proximá administración

02 de marzo de 2010
Asobancaria
Las fallas de la estructura fiscal del país, pone en tela de juicio el gasto público y la estrategia tributaria.
El estancamiento de la actividad económica en Colombia cortó un lustro de
mejora continua en las finanzas públicas, sacando nuevamente a la luz sus fallas
estructurales. La escasa magnitud del estímulo fiscal durante la recesión y el deterioro del
balance y de la deuda pública en Colombia −en aras de apoyar el gasto doméstico−,
llaman la atención sobre dos hechos. El primero es la imposibilidad de tener una política
fiscal contra-cíclica. Como el sector público es incapaz de ahorrar durante los auges,
tampoco puede gastar durante las recesiones. El segundo hecho es la inflexibilidad del
gasto. El Gobierno debe honrar demasiados compromisos –servicio de la deuda,
pensiones−, algunos de ellos ordenados por la Constitución –transferencias a las
entidades territoriales− o la Ley. Además, debe enfrentar un sinnúmero de gastos
contingentes, originados en los fallos judiciales −tutelas−, que hacen cumplir lo
estipulado en la Constitución y las leyes. En estas circunstancias, primero se toman las
decisiones de gasto y luego se busca cómo financiarlos. Como es prácticamente
imposible reducir las erogaciones sin modificaciones legales profundas o sin incurrir en
mora, para preservar la viabilidad fiscal es imperativo recortar la inversión, o aumentar
periódicamente los ingresos, recurriendo a reformas tributarias. Forjada al apremio de la
coyuntura, la actual estructura tributaria es ineficiente, distorsionante e inequitativa. La
política de endeudamiento ha sido prudente, pero no óptima. No se han presentado
episodios críticos de insostenibilidad, pero tampoco se ha asegurado decididamente la
solvencia pública. No se ha implementado consistentemente una política de
desendeudamiento. Una estrategia para asegurar la solvencia fiscal en el largo plazo
requiere una flexibilización de los gastos y alguna regla de ahorro. La posibilidad de
tener en el futuro una política fiscal verdaderamente contra-cíclica depende del
cuidadoso diseño de esa estrategia. Para corregir las fallas estructurales de las finanzas
públicas se requiere, por tanto, una profunda reforma fiscal, que optimice la estructura
tributaria, fondee el gasto público enteramente con impuestos generales e introduzca una
regla fiscal.


Para el texto completo consulte el siguiente vínculo:

http://www.asobancaria.com/upload/docs/docPub5284_2.pdf
Autor: Asobancaria